lunes, 6 de agosto de 2012

Réquiem al alzheimer

Esta carta va dedicada a mi abuela, tengo la certeza de que jamás será leída por ella, pues su estado mental lo imposibilita, aún así hoy me animo a dedicarle esta carta, desde lo más profundo de mi corazón, a una mujer luchadora, que siempre se ha sacrificado por los demás. Con todo el afecto de una nieta para ti, abuela.

Abuela, me miras, pero en tus ojos ya no queda vestigio de luz,   todavía puedo ver  matices pardos en ellos, siguen mirando, pero  tú antiguo brillo, ese ¿Dónde está?

Siento que tu cuerpo está entre nosotros, pero tu alma se fue hace mucho tiempo, lejos, a ese limbo donde van las almas que ni mueren ni viven, sé que allí me estás observando con esa mirada que transmite tanta ternura, siento que, desde allí tus labios están dibujando una sonrisa para mí mientras me das fuerzas y yo las tomo conforme mis dedos rozan el aire repleto de tus palabras.

Ahora me debo conformar con tu presencia física, aunque, es tan complicado... si sufres, sufro, si ries, mi corazón lo hace también, si lloras, mi alma se carcome  por dentro. Cuando te afliges y yo no puedo hacer nada por hacerte sonreir siento como un detonante se activa y toda mi impotencia explota, de rabia, de no poder hacer nada por detenerlo pues, abuela, cuando lo pasas mal, me pongo enferma, pero lo que más enferma me pone es no poder hacer nada para que tus lágrimas dejen de bañar tu rostro.

Necesito que desde donde quiera que estés me mandes muchas fuerzas, abuela, soy una egoísta, las quiero todas para mi, las quiero agarrar como una obsesa a su bien más preciado, como un violinista a su violín, como la niña que abraza a sus padres por su regreso...

A pesar de todo lo que has hecho por mí, yo no he estado siempre la  altura  , y reconozco que no he sido la mejor nieta de todas, por ello abuela, te pido que, donde quiera tu alma que esté, me perdones, si no tuviera esa esperanza, por egoísta que parezca, me consumiría.

Aún recuerdo esas historias que me contabas en las tardes veraniegas, tú, el abuelo, yo, la taza de chocolate con churros sobre la mesa y muchas anécdotas de las que hablar.Idílico, aunque ahora es algo inalcanzable, como si hoy me hubiera levantado teniendo la certeza de que lo hubiera soñado sin la convicción de saber diferenciar entre realidad-ficción.

Tu has levantado la bandera del sacrificio allí por donde pasabas, y dejabas verla ondear cuando se asomaban las complicaciones a tu vida, tú y tu fortaleza... aún consigues abrumarme.


Pero ahora, todo ha cambiado, tú has cambiado irreversiblemente, y lo odio a él, con   todas mis fuerzas, yo sé que, si alguna vez me lo encontrara  le gritaría a lo oído como todas esas veces que he sentido que él me ha gritado a mí, me abalazaría  sobre él, como una loca ¿Ahora quién sería la victima?. Y es que no concibo como algo que te arranca el alma y te deja en un estado de semiinconsciencia en la tierra, puede estar tan presente, como es posible ver sus efectos, avanzando vertiginosamemte sobre las personas que amas, como te das cuenta de que no hay nada que hacer, de que es irreversible, no tiene cura y lo único que puedes hacer es resignarte, esperar con paciencia y agarrar la esperanza escondida que jamás volará hacia tí de que todo volverá a ser como antes.

Abuela, te quiero, y en mis sueños más dulces me encuentro en un bosque perdido rodeada de voces, que se abalanzan sobre mí  y me llenan de energía. En mis mejores sueños, tu y yo de la mano, dibujamos una sonrisa en el cielo. En mis mejores sueños me encuentro en su funeral, y las voces  lo envuelven todo entonando un sonoro réquiem al alzheimer.

Con mi amor, desde el mundo de los vivos al séptimo limbo.
(Una nieta que guarda la esperanza escondida de que  su alma vuelva  al mundo de los vivos)





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